La gente cree que madrugar es levantarse pronto y no es eso. Madrugar es acostarse pronto, que es lo difícil y lo que nadie quiere hacer. Levantarse a las seis lo hace cualquiera un día; el problema es el tercer día.
Yo llevo con este horario desde que entré a trabajar en el almacén, y de eso hace ya treinta y cuatro años. Los fines de semana también. Y sí, me duermo en el sofá a las diez de la noche. Todo tiene un precio.