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Voy a decir una cosa que no va a gustar. Las bodas se han convertido en un espectáculo carísimo para quedar bien con gente que no te importa. Doscientos invitados de los cuales conoces a sesenta. Un banquete que cuesta lo que un coche. Y al día siguiente nadie se acuerda de nada, salvo de si había barra libre. Yo me casé en el juzgado un jueves por la mañana y nos fuimos doce a comer. Doce. Y llevo cuarenta y un años casado, que algo querrá decir.