El problema de los jóvenes de hoy no es que no quieran trabajar, que eso lo dice mucha gente y es mentira. El problema es que les han vendido que tienen que hacer algo que les guste, y eso es una trampa carísima. A mí no me gustaba mi trabajo. Ni a mi padre el suyo. Y las casas se pagaron igual.
Ojo, que no digo que esté bien. Digo que era así. Ahora si les gusta, mejor para ellos. Pero que no me vendan que es un derecho, porque entonces yo he estado cuarenta años sin uno.