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Os voy a hablar del silencio, que es una cosa que se ha perdido y nadie dice nada, valga la redundancia. Antes en una casa había ratos de silencio. No porque nadie hablara, sino porque no había nada encendido. Yo me acuerdo de tardes enteras de domingo en las que solo se oía el reloj de la cocina y a mi madre pasando páginas. Y no era aburrimiento, que es lo que dice ahora la gente. Era otra cosa. Ahora entras en una casa y hay siempre algo sonando. La tele de fondo aunque no la mire nadie, el móvil de uno, la tablet del pequeño. Y luego decimos que estamos cansados y que dormimos mal. Yo he empezado a apagarlo todo media hora antes de cenar. Media hora. Al principio nadie sabía qué hacer y estaban todos incomodísimos, mirándose. Ahora ya se ha convertido en costumbre. No digo que sea la solución de nada. Digo que probadlo un día.